Entrevista a SANDRA VALLENAS, socióloga, investigadora y miembro de ForoSalud nos habla acerca del significado que tienen los derechos sexuales y reproductivos sobre todo para la vida de las mujeres, qué tanto hemos avanzado y que condiciones necesitamos para poder ejercerlos.
Por Rebeca Cornejo Lobo
En un sentido más amplio ¿qué representan los derechos sexuales y reproductivos, en especial para las mujeres?
Si bien ponemos en un paquete derechos sexuales y reproductivos hay una gran diferencia. Tal vez lo que ha tenido más atención son los derechos reproductivos que han estado, incluso, en las agendas de las agencias de desarrollo y en los programas de desarrollo; particularmente en su relación con la planificación familiar. Los derechos sexuales han sido considerados como una suerte de lujo; como que quien ya ha cubierto sus necesidades básicas puede pensar en los derechos sexuales. Los derechos sexuales y reproductivos representan la base de la libertad para las mujeres. En el caso de los derechos reproductivos, la posibilidad de poder planificar su propia vida reproductiva de manera articulada con sus proyectos de vida es verdaderamente un paso grande hacia el ejercicio de la libertad de decidir o de la agencia, como diría Sen. Si yo voy a tener todos los hijos que vengan eso quiere decir que no voy a tener un espacio para planear mi vida laboral, mi vida educativa o cualesquiera que sean los proyectos que tenga. Lo mismo en el caso de los derechos sexuales. Si finalmente no puedo escoger cómo quiero llevar mi vida sexual, a quien elijo de compañero o compañera, cuándo, cómo,… entonces no me desarrollaré en libertad. Ahora, sin quitarles importancia a los derechos sexuales, en términos del desarrollo de un propio proyecto, creo que la administración de la propia reproducción es un punto clave para todo lo demás, para la vida y desempeño de las mujeres.
¿Qué nos impide lograrlo?
Si bien ponemos en un paquete derechos sexuales y reproductivos hay una gran diferencia. Tal vez lo que ha tenido más atención son los derechos reproductivos que han estado, incluso, en las agendas de las agencias de desarrollo y en los programas de desarrollo; particularmente en su relación con la planificación familiar. Los derechos sexuales han sido considerados como una suerte de lujo; como que quien ya ha cubierto sus necesidades básicas puede pensar en los derechos sexuales. Los derechos sexuales y reproductivos representan la base de la libertad para las mujeres. En el caso de los derechos reproductivos, la posibilidad de poder planificar su propia vida reproductiva de manera articulada con sus proyectos de vida es verdaderamente un paso grande hacia el ejercicio de la libertad de decidir o de la agencia, como diría Sen. Si yo voy a tener todos los hijos que vengan eso quiere decir que no voy a tener un espacio para planear mi vida laboral, mi vida educativa o cualesquiera que sean los proyectos que tenga. Lo mismo en el caso de los derechos sexuales. Si finalmente no puedo escoger cómo quiero llevar mi vida sexual, a quien elijo de compañero o compañera, cuándo, cómo,… entonces no me desarrollaré en libertad. Ahora, sin quitarles importancia a los derechos sexuales, en términos del desarrollo de un propio proyecto, creo que la administración de la propia reproducción es un punto clave para todo lo demás, para la vida y desempeño de las mujeres.
¿Qué nos impide lograrlo?
Aunque hayamos caminado mucho, supuestamente, hacia la modernidad, los derechos y la igualdad, en realidad hay esquemas, hay ordenamientos que todavía se mantienen. Han habido cambios pero la estructura básica de relación entre varones y mujeres, particularmente en la separación entre el ámbito privado o doméstico, y el mundo público, se ha mantenido casi inalterada; se mantiene la división sexual del trabajo. Aunque la mujer se incorpore al trabajo remunerado, sigue siendo la responsable de la casa; aún cuando ella esté cubriendo parte de la tarea que tradicionalmente estaba reservada a los varones, que era la de proveer para el mantenimiento de los hijos y de la familia. Si bien la mujer está accediendo al trabajo remunerado y a la vida política, todavía el varón es quien tiene gran visibilidad, y el rol más importante en el mundo público mientras la mujer está relegada al mundo doméstico que es invisibilizado en términos de su aporte a la riqueza, su aporte a las cuentas nacionales. Siempre proyectando un rol subordinado. En esa medida, también su capacidad de decisión en términos reproductivos y sexuales está mermada.
Durante la década de los 90s se logró que los derechos de las mujeres sean considerados derechos humanos y se aceptara la violencia contra la mujer y el daño sexual como temas centrales.
Durante la década de los 90s se logró que los derechos de las mujeres sean considerados derechos humanos y se aceptara la violencia contra la mujer y el daño sexual como temas centrales.
¿Cuál fue el proceso que logró visibilizar en la agenda internacional el problema de la violencia contra la mujer y el daño sexual como atentado a los derechos humanos?
Considero que han habido dos actores o instancias. Por un lado, me parece que no hay que minimizar el papel que tuvo el movimiento de mujeres. Enarbolando lemas como “democracia en la calle y en la casa” y “lo privado también es público”, las mujeres hicieron visible el tema de la violencia y la violación sexual que hasta entonces se mantenían en el ámbito de la privacidad. Lo que ocurría de la puerta para dentro de la casa era un asunto que competía solamente a quienes estaban adentro y particularmente al hombre y a la mujer; no les competía ni al vecino ni a la vecina, ni mucho menos al Estado ni a las políticas públicas. Es ahí que se logra abrir el mundo privado y hacerlo visible públicamente, y que las propias mujeres están en condiciones de reconocer que no era algo que solamente le pasaba a una, que no era un caso aislado, sino era algo que les pasaba a muchas otras mujeres. En el caso de la violación, más allá de la que se da en el ámbito doméstico, pero incluyéndola, también sale a la luz, la inmensa cantidad de violaciones que se están procesando y que al principio las mujeres no denuncian, muchas veces porque hay un sentimiento de ser causa o responsable de esa violencia, asumiendo ellas mismas la culpabilidad. En la medida en que las dimensiones de la violencia y la violación se hacen públicas es que se puede tomar algunas medidas de política. Por otro lado, al mismo tiempo esto empató bien en una corriente que se dio en la década de los noventa, de sucesivas conferencias que fueron campo del desarrollo de los derechos humanos, que permitieron que el tema de la violencia se incluyera en la agenda internacional, como la Conferencia de Viena sobre derechos humanos en 1993, la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo de 1994 en el Cairo, y en 1995 la Conferencia de Beijing. Se introdujo algunos elementos sobre derechos sexuales y reproductivos pero no se logró aceptar como una convención especial para ser incluidos con título propio. Este ambiente de reclamos, de debate sobre derechos humamos permitió que se colocara el tema de la violencia y la violación sexual en la agenda internacional.
¿No crees que el tema de la violencia tal cual sigue siendo planteado refuerza algunos estereotipos acerca de la mujer, siempre como la víctima, como que es más débil y por lo tanto hay que protegerlas?
Considero que han habido dos actores o instancias. Por un lado, me parece que no hay que minimizar el papel que tuvo el movimiento de mujeres. Enarbolando lemas como “democracia en la calle y en la casa” y “lo privado también es público”, las mujeres hicieron visible el tema de la violencia y la violación sexual que hasta entonces se mantenían en el ámbito de la privacidad. Lo que ocurría de la puerta para dentro de la casa era un asunto que competía solamente a quienes estaban adentro y particularmente al hombre y a la mujer; no les competía ni al vecino ni a la vecina, ni mucho menos al Estado ni a las políticas públicas. Es ahí que se logra abrir el mundo privado y hacerlo visible públicamente, y que las propias mujeres están en condiciones de reconocer que no era algo que solamente le pasaba a una, que no era un caso aislado, sino era algo que les pasaba a muchas otras mujeres. En el caso de la violación, más allá de la que se da en el ámbito doméstico, pero incluyéndola, también sale a la luz, la inmensa cantidad de violaciones que se están procesando y que al principio las mujeres no denuncian, muchas veces porque hay un sentimiento de ser causa o responsable de esa violencia, asumiendo ellas mismas la culpabilidad. En la medida en que las dimensiones de la violencia y la violación se hacen públicas es que se puede tomar algunas medidas de política. Por otro lado, al mismo tiempo esto empató bien en una corriente que se dio en la década de los noventa, de sucesivas conferencias que fueron campo del desarrollo de los derechos humanos, que permitieron que el tema de la violencia se incluyera en la agenda internacional, como la Conferencia de Viena sobre derechos humanos en 1993, la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo de 1994 en el Cairo, y en 1995 la Conferencia de Beijing. Se introdujo algunos elementos sobre derechos sexuales y reproductivos pero no se logró aceptar como una convención especial para ser incluidos con título propio. Este ambiente de reclamos, de debate sobre derechos humamos permitió que se colocara el tema de la violencia y la violación sexual en la agenda internacional.
¿No crees que el tema de la violencia tal cual sigue siendo planteado refuerza algunos estereotipos acerca de la mujer, siempre como la víctima, como que es más débil y por lo tanto hay que protegerlas?
Hay una situación real que coacta la libertad de las mujeres. Si tuviera una hija adolescente seguramente le diría “no se te ocurra andar sola a las dos o tres de la mañana” mientras que con un hijo sí lo cuidaría, pero tendría menos preocupación. Porque aunque sé que por derechos, varones y mujeres, debemos tener las mismas libertades, lo cierto es que la mujer está más expuesta y por lo tanto debe tener más cuidados. Pero simultáneamente se debería estar actuando para que esos peligros adicionales sean eliminados.
¿Crees que el peso de la campaña está puesto en visibilizar la violencia y no por el lado de visibilizar la equidad y la mayor participación de la mujer?
¿Crees que el peso de la campaña está puesto en visibilizar la violencia y no por el lado de visibilizar la equidad y la mayor participación de la mujer?
Creo que hay que empoderar a la mujer, que se sienta segura, desarrollar la autoestima. Eso era lo que hacían los grupos de mujeres, de la segunda ola feminista de los 80 y comienzos de los 90s a través de los llamados grupos de autoconciencia; se buscaba generar mayor autoestima y empoderamiento en la mujer. Pero estábamos trabajando desde un solo lado de la película. Para lograr los grandes cambios, los de fondo, lo único que quisiera es que los seres humanos sean formados para verse como iguales; que estén convencidos de que somos iguales. Si tan sólo nos pudiéramos mirar a la cara y vernos como iguales, si verdaderamente creyéramos que somos iguales, nos resultaría intolerable aceptar las injusticias que viven los que son considerados distintos y, particularmente, las mujeres.
¿Cuáles son actualmente los paradigmas de las políticas sociales en la manera de entender la sexualidad, sobre todo femenina? ¿Qué cambios podemos notar?
¿Cuáles son actualmente los paradigmas de las políticas sociales en la manera de entender la sexualidad, sobre todo femenina? ¿Qué cambios podemos notar?
Creo que se ha avanzado poco en las políticas sociales en la manera de entender la sexualidad. Habría que hacer una reflexión anterior. Uno podría pensar que los avances en los derechos reproductivos tienen mucho que ver con el movimiento de mujeres y particularmente con el movimiento feminista. Si bien ello es así, es cierto, no lo explica todo. Lo que pasa es que hubo una “feliz coincidencia”: Las mujeres querían controlar su reproducción, querían ser dueñas de su cuerpo. Y hacia ellas confluyen representantes de los países y organismos que ven como una amenaza la explosión demográfica en los países del Sur o subdesarrollados, y los de la industria anticonceptiva que es una gran fuente de acumulación. Por supuesto que a todos ellos les sonaba muy bien y les convenía el discurso sobre los derechos reproductivos. Se encuentran en el camino y se dan el brazo pero con objetivos distintos. Estas diferencias pudieron notarse ya en la Conferencia de Cairo. Al final del debate en ésta, para lo que hubo presupuesto asegurado fue para los programas de planificación familiar, para las instituciones de población que estuvieron un poco calladitas durante el debate. Ellas salieron con su pedazo de la torta pero cuando se trató del presupuesto para el empoderamiento de las mujeres se lo dejó para más adelante, señalando que, poco a poco, se iría consiguiendo los fondos para aquello. Entonces te preguntas: “¿Objetivos comunes? ¿Realmente hay un verdadero interés en una y otra cosa?”
En resumen, alrededor del tema de los derechos reproductivos no estaban solas las mujeres, el movimiento feminista y el movimiento por la salud de las mujeres. Pero en el tema de los derechos sexuales ahí están las mujeres, sólo ellas. Como es un tema tan sensible y polémico, las organizaciones vinculadas a la planificación familiar internacional y los países no se van a exponer en un terreno en el que se juega el poder, que es el de la sexualidad.
¿y en nuestro país?
En el país estamos todavía muy lejos en el tema de los derechos sexuales. Estamos, incluso, retrocediendo en los derechos reproductivos. El camino no es unilineal como solíamos pensar hasta hace una década. Resulta que siempre se puede retroceder; y eso está ocurriendo en cuanto a los derechos reproductivos. Y tenemos apenas dos ejemplos en los cuales no me voy a explayar: El de mediados de los 90, con la llamada “anticoncepción quirúrgica voluntaria”, que tan voluntaria no fue; y el de comienzos del milenio, con la “anticoncepción oral de emergencia”. Uno ve el panorama mundial y encuentra referentes, ya no sólo es parte del proceso nacional o algo coyuntural, sino que está articulado y reforzado por lo que ocurre también afuera. En el caso de los Estados Unidos hay una tendencia hacia el neoconservadurismo, así como en otras partes del mundo, dónde las fuerzas neo conservadoras están ganando espacio. Todavía estamos tratando de mantener lo que hemos avanzado. De todos modos, hay iniciativas latinoamericanas como la campaña por la convención de los derechos sexuales y reproductivos impulsada por CLADEM, tratando de llegar a los/as tomadore/as de decisión y que, aunque saben que les va a tomar tiempo para lograr una convención específica, están trabajando activa y entusiastamente hacia ello.
Hay normas y legislación que tienen que ver con la parte dañina, la parte oscura y enferma de la sexualidad, pero no hay mayormente una normatividad con respecto a la búsqueda de la sexualidad sana, el derecho a tener una sexualidad sana, placentera, satisfactoria. No recuerdo de alguna norma en ese sentido en el país, sólo hay lo que se hace mal y se castiga; es decir, lo patológico.
¿Qué significado tiene hoy la frase de Carole Pateman cuando sostiene “la idea de que las mujeres son individuos dueños de sí mismos es una ficción de la sociedad patriarcal”?
Se supone que la modernidad levanta los derechos individuales. Si bien se habla de una supuesta igualdad, esto se da en el mundo público; es en éste, y a través de él, que se accede a los derechos y a la ciudadanía; éstos no están contemplados para el mundo privado, del hogar. Manteniéndose las responsabilidades tradicionales que asignan a uno al mundo público y a otra, al mundo privado, la mujer sigue estando subordinada al varón. Carole Pateman se refiere al hablar del contrato sexual como una ficción, porque no se da entre iguales. Es un contrato en el cual se procesa la dominación – subordinación. Mientras esto se mantenga no podemos hablar de que las mujeres son individuos dueñas de sí mismas. Además, le hemos asignado valor a lo que hacen los varones que desarrollan el trabajo productivo y no le reconocemos valor alguno -e invisibilizamos- el trabajo de las mujeres, al que se le califica de trabajo improductivo. Y como a las personas se las valora por la producción, a través de la cual se tiene el acceso a otros bienes y servicios, la mujer no tiene derechos; sobre todo la que se queda en el ámbito doméstico, privado e improductivo. Además, el acceso a la protección social se va a dar a partir de la condición de trabajador, y los varones van a seguir acumulando más ventajas que las mujeres. El contrato sexual del matrimonio, por ejemplo, no es un contrato entre iguales.
¿Cuáles serian las condiciones para promover la agencia sexual de las mujeres como parte de sus derechos sexuales?
Que nos podamos mirar como iguales y si la mujer se siente igual al otro va a tomar en cuenta su propia sexualidad, con derecho al placer compartido teniendo como objetivo la satisfacción de ambos. Hasta que nos podamos ver como iguales, creo que va a ser bien difícil ejercer cualquiera de los derechos.
Los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos son indivisibles y universales. Porque si no tengo qué comer, de qué clase de derechos reproductivos y sexuales estoy hablando. En el marco de los derechos económicos, sociales y culturales, por ejemplo, nadie debería imponerme un patrón de sexualidad que es ajeno a mi cultura, (a menos que mi cultura me diga que tengo que matar o castrar al varón -y allí entramos ya a otro terreno, el del relativismo cultural y de los valores universales. Pero los derechos políticos, civiles, económicos, sociales y culturales son todos derechos que van a incidir en los derechos sexuales y reproductivos, así como éstos van a permitir aquellos otros. Por hacer una relación simple: qué tal si yo tengo hijos uno tras otro; tengo una relación de subordinación frente mi pareja y mi pareja no quiere controlar la fecundidad. ¿De qué libertad, de qué derecho económico y social, a la satisfacción, al prestigio, a la salud física y mental, al afecto, estamos hablando? De repente quisiera ser bailarina de ballet. ¿Puede una bailarina de ballet tener un hijo tras otro? Por cierto, cuando en otro contexto –el de la exclusión social- mencionaba esto en mis cursos, más de uno/a consideraba que solamente pueden escoger ser bailarinas de ballet quienes provienen de familias adineradas. ¿Cómo una chica de un barrio pobre va a aspirar a ser bailarina de ballet? Parece un contrasentido. No lo parecería si –disculpa la insistencia- nos viéramos como iguales y, por tanto, con iguales derechos a tener proyectos.
Una mujer que tiene que salir del mercado laboral cada vez que tiene un hijo o que tiene que trabajar a tiempo parcial por su rol doméstico; y que se encarga no sólo de los hijos sino de las todas las personas con discapacidad, los ancianos, los enfermos, al final de la vida no va a poder acumular la pensión que sí puede acumular un varón. Con el añadido de que por su función reproductiva es castigada, ¡siendo su aporte protagónico en la reproducción de la sociedad! Sin embargo, a ella se le pone encima la responsabilidad. Por ejemplo en Chile, en algunos seguros de salud la prima es mucho mayor para la mujer porque tiene riesgo reproductivo; Como el hombre no lleva el embarazo, no tiene ese riesgo. Es casi como entrar el seguro teniendo una enfermedad incurable. ¿Por qué a la mujer la van a castigar por dar un servicio a la comunidad? Me argumentaban que la empresa no puede asumir el costo de un bien público que es la reproducción biológica. Ese bien público lo tendría que asumir el Estado. Yo creo que es responsabilidad de toda la sociedad. Si uno piensa en un mundo más equitativo, todos tendrían que aportar, y no cargar a la mujer con el costo.
En resumen, alrededor del tema de los derechos reproductivos no estaban solas las mujeres, el movimiento feminista y el movimiento por la salud de las mujeres. Pero en el tema de los derechos sexuales ahí están las mujeres, sólo ellas. Como es un tema tan sensible y polémico, las organizaciones vinculadas a la planificación familiar internacional y los países no se van a exponer en un terreno en el que se juega el poder, que es el de la sexualidad.
¿y en nuestro país?
En el país estamos todavía muy lejos en el tema de los derechos sexuales. Estamos, incluso, retrocediendo en los derechos reproductivos. El camino no es unilineal como solíamos pensar hasta hace una década. Resulta que siempre se puede retroceder; y eso está ocurriendo en cuanto a los derechos reproductivos. Y tenemos apenas dos ejemplos en los cuales no me voy a explayar: El de mediados de los 90, con la llamada “anticoncepción quirúrgica voluntaria”, que tan voluntaria no fue; y el de comienzos del milenio, con la “anticoncepción oral de emergencia”. Uno ve el panorama mundial y encuentra referentes, ya no sólo es parte del proceso nacional o algo coyuntural, sino que está articulado y reforzado por lo que ocurre también afuera. En el caso de los Estados Unidos hay una tendencia hacia el neoconservadurismo, así como en otras partes del mundo, dónde las fuerzas neo conservadoras están ganando espacio. Todavía estamos tratando de mantener lo que hemos avanzado. De todos modos, hay iniciativas latinoamericanas como la campaña por la convención de los derechos sexuales y reproductivos impulsada por CLADEM, tratando de llegar a los/as tomadore/as de decisión y que, aunque saben que les va a tomar tiempo para lograr una convención específica, están trabajando activa y entusiastamente hacia ello.
Hay normas y legislación que tienen que ver con la parte dañina, la parte oscura y enferma de la sexualidad, pero no hay mayormente una normatividad con respecto a la búsqueda de la sexualidad sana, el derecho a tener una sexualidad sana, placentera, satisfactoria. No recuerdo de alguna norma en ese sentido en el país, sólo hay lo que se hace mal y se castiga; es decir, lo patológico.
¿Qué significado tiene hoy la frase de Carole Pateman cuando sostiene “la idea de que las mujeres son individuos dueños de sí mismos es una ficción de la sociedad patriarcal”?
Se supone que la modernidad levanta los derechos individuales. Si bien se habla de una supuesta igualdad, esto se da en el mundo público; es en éste, y a través de él, que se accede a los derechos y a la ciudadanía; éstos no están contemplados para el mundo privado, del hogar. Manteniéndose las responsabilidades tradicionales que asignan a uno al mundo público y a otra, al mundo privado, la mujer sigue estando subordinada al varón. Carole Pateman se refiere al hablar del contrato sexual como una ficción, porque no se da entre iguales. Es un contrato en el cual se procesa la dominación – subordinación. Mientras esto se mantenga no podemos hablar de que las mujeres son individuos dueñas de sí mismas. Además, le hemos asignado valor a lo que hacen los varones que desarrollan el trabajo productivo y no le reconocemos valor alguno -e invisibilizamos- el trabajo de las mujeres, al que se le califica de trabajo improductivo. Y como a las personas se las valora por la producción, a través de la cual se tiene el acceso a otros bienes y servicios, la mujer no tiene derechos; sobre todo la que se queda en el ámbito doméstico, privado e improductivo. Además, el acceso a la protección social se va a dar a partir de la condición de trabajador, y los varones van a seguir acumulando más ventajas que las mujeres. El contrato sexual del matrimonio, por ejemplo, no es un contrato entre iguales.
¿Cuáles serian las condiciones para promover la agencia sexual de las mujeres como parte de sus derechos sexuales?
Que nos podamos mirar como iguales y si la mujer se siente igual al otro va a tomar en cuenta su propia sexualidad, con derecho al placer compartido teniendo como objetivo la satisfacción de ambos. Hasta que nos podamos ver como iguales, creo que va a ser bien difícil ejercer cualquiera de los derechos.
Los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos son indivisibles y universales. Porque si no tengo qué comer, de qué clase de derechos reproductivos y sexuales estoy hablando. En el marco de los derechos económicos, sociales y culturales, por ejemplo, nadie debería imponerme un patrón de sexualidad que es ajeno a mi cultura, (a menos que mi cultura me diga que tengo que matar o castrar al varón -y allí entramos ya a otro terreno, el del relativismo cultural y de los valores universales. Pero los derechos políticos, civiles, económicos, sociales y culturales son todos derechos que van a incidir en los derechos sexuales y reproductivos, así como éstos van a permitir aquellos otros. Por hacer una relación simple: qué tal si yo tengo hijos uno tras otro; tengo una relación de subordinación frente mi pareja y mi pareja no quiere controlar la fecundidad. ¿De qué libertad, de qué derecho económico y social, a la satisfacción, al prestigio, a la salud física y mental, al afecto, estamos hablando? De repente quisiera ser bailarina de ballet. ¿Puede una bailarina de ballet tener un hijo tras otro? Por cierto, cuando en otro contexto –el de la exclusión social- mencionaba esto en mis cursos, más de uno/a consideraba que solamente pueden escoger ser bailarinas de ballet quienes provienen de familias adineradas. ¿Cómo una chica de un barrio pobre va a aspirar a ser bailarina de ballet? Parece un contrasentido. No lo parecería si –disculpa la insistencia- nos viéramos como iguales y, por tanto, con iguales derechos a tener proyectos.
Una mujer que tiene que salir del mercado laboral cada vez que tiene un hijo o que tiene que trabajar a tiempo parcial por su rol doméstico; y que se encarga no sólo de los hijos sino de las todas las personas con discapacidad, los ancianos, los enfermos, al final de la vida no va a poder acumular la pensión que sí puede acumular un varón. Con el añadido de que por su función reproductiva es castigada, ¡siendo su aporte protagónico en la reproducción de la sociedad! Sin embargo, a ella se le pone encima la responsabilidad. Por ejemplo en Chile, en algunos seguros de salud la prima es mucho mayor para la mujer porque tiene riesgo reproductivo; Como el hombre no lleva el embarazo, no tiene ese riesgo. Es casi como entrar el seguro teniendo una enfermedad incurable. ¿Por qué a la mujer la van a castigar por dar un servicio a la comunidad? Me argumentaban que la empresa no puede asumir el costo de un bien público que es la reproducción biológica. Ese bien público lo tendría que asumir el Estado. Yo creo que es responsabilidad de toda la sociedad. Si uno piensa en un mundo más equitativo, todos tendrían que aportar, y no cargar a la mujer con el costo.